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jueves, 2 de diciembre de 2010
Una segunda oportunidad
Estoy releyendo el libro de Miguel Delibes, Señora de rojo sobre fondo gris, y me he encontrado con esta frase: "La vida sería más llevadera si dispusiéramos de una segunda oportunidad"Encierra una gran verdad. ¿Quién no ha lamentado alguna vez que nuestra vida sea una obra de teatro en la que no hay sesiones de ensayo? ¿Quién, cuando la muerte se ha llevado de su lado a una persona querida, no ha sentido que se le han quedado muchos abrazos sin dar, muchos "te quiero" sin decir, que debería haber sido más agradecido, más capaz de perdonar...?
No sirve de nada lamentarse. ¿O sí? Tal vez esos sentimientos experimentados deberían ser las pequeñas semillas que al brotar en nuestro corazón nos ayudaran para no tropezar dos veces en la misma piedra.
Aquella persona se nos fue y eso es ya algo inevitable. Pero, afortunadamente, la mayoría de nosotros tenemos a nuestro lado otros seres queridos que merecen que les entreguemos lo mejor de nosotros mismos. ¡Aprendamos la lección! Ellos están aquí. Todavía estamos a tiempo.
Visto lo visto...
No hace mucho tiempo leí una noticia que me produce escalofríos. Estados Unidos, a través de Hillary Clinton, Secretaria de Estado estadounidense, y el mismísimo Presidente Obama, han tenido que pedir perdón a Guatemala por los experimentos llevados a cabo en este país por equipos médicos pertenecientes al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos durante la década de 1940.
Dichos experimentos, que han salido a la luz gracias a un estudio realizado por Susan Reverby, una investigadora de la Universidad de Welleslev, consistieron en infectar con sífilis y gonorrea a cerca de 700 personas, la mayoría de ellas presos y pacientes de instituciones mentales de Guatemala. ¡Tela marinera!
Según dicho estudio, estos experimentos tenían como finalidad determinar si la penicilina, utilizada para curar la sífilis, podía evitar que la enfermedad se extendiera en las primeras etapas del contagio. El contagio se provocaba por transmisión sexual a través de prostitutas que sufrían la enfermedad, por inoculación directa en el órgano sexual o mediante la aplicación de una inyección en la médula espinal. ¡El equipo médico, dirigido por un tal doctor John Cutler, alentaba a los pacientes a que contagiaran a otras personas!
¡¡¡Qué horror!!! ¡De lo que puede ser capaz el ser humano en nombre de la ciencia!
Hasta ahora los malos eran los nazis… Que lo son por supuesto. Sin posible justificación.
Pero a la vista de noticias como ésta, yo me pregunto: ¿Cuántas barbaridades se cometerán en el mundo que nosotros ni siquiera imaginamos?
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Al filo de la actualidad política
Nací en la década de los cuarenta. Mis ojos vieron la luz en un pueblo perdido de Castilla del que hasta el
día de hoy siento nostalgia. ¡Cómo pasan los años! Parece que fue ayer.
Crecí con escasez de pan y hartura de miedos y silencios.
¡Sssssss! ¡Sssssss! Y entre silencios aprendí que, apenas antes de que yo naciera, en nuestra patria hubo una guerra. ¡La más terrible de las guerras! Una guerra entre hermanos.
¡Nunca más! ¡Nunca más! Así me lo enseñaron. Así lo he sentido siempre en mis entrañas.
Pero la vida no se detiene nunca. Y aunque pienso que ninguno de nosotros debería olvidar lo que pasó para que no puedan repetirse los errores... ¡Que no pretenda nadie mantenernos anclados para siempre en el pasado! ¡Dejemos a los muertos descansar en paz! ¡Que nadie intente comerciar con ellos!
Y, llegados hasta este punto, me temo que habrá ya alguien que me esté gritando: ¡Facha! Suelen hacerlo casi siempre los que se creen con todos los derechos porque militan en el partido que estuvo entonces en el bando perdedor.
No tengo que pedir perdón a nadie. No viví aquella guerra. No soy responsable de ninguna muerte. Tampoco lo fueron mis padres.
Por suerte, los años me enseñaron a pensar. A lo largo de este periodo de democracia he votado a las izquierdas y a las derechas, según me pareció mejor en cada ocasión.
No me gusta dejarme atrapar por demagogias baratas. Tengo muy claro que no existe el bando siempre bueno y el bando siempre malo. Ni que los que militan en un mismo partido, son todos buenos, ni todos malos ¡Lo único que quiero es que mis representantes sean honrados!
¡No deberíamos permitir que a los que nos mandan se les quede el culo pegado a la poltrona! Están donde están porque nosotros les entregamos un día nuestra confianza para que trabajasen por el bien de todos. ¡De todos! No en su propio beneficio, como pretenden "los más listos".
¡Ay, pena, penita, penaaa! ¡Cuánto chorizo!
Y para terminar, voy a abrir las puertas de mi corazón y os confesaré un secreto:
En los próximos comicios voy a votar a las derechas. Y voy a hacerlo porque, tras estos casi siete años de gobierno socialista, contemplo a España, con dolor, "hecha unos zorros".
¡Bendita risa!
He de confesar que últimamente, por las circunstancias que me toca vivir en el terreno personal y familiar, y que ahora no vienen al caso, no estoy precisamente para tirar cohetes. Así que no es algo usual en estos días el hecho de escucharme a mí misma soltando una buena carcajada. Tampoco, quizás sea por la difícil situación económica que se está viviendo en nuestro país, veo a la gente demasiado risueña. ¡Deberíamos reírnos más! Reírnos, principalmente de nosotros mismos. Sería un ejercicio muy sano.
Acabo de leer esta frase: "La risa es la mermelada que sazona el pan de la vida: le da sabor, le quita la sequedad y la hace más llevadera". (Diane Jhonson)
¡Completamente de acuerdo!
Y a propósito. Recuerdo el ataque de risa que padecí, hace sólo unos días, al leer el contenido del archivo que me envió una buena amiga mía sobre algo que escribió el escritor Pedro Muñoz Seca. Todavía siento el regusto.
Dice así:
"D. Pedro, vivía en una casa de Madrid donde atendía la portería un encantador matrimonio al que profesaba autentico afecto.
Falleció la mujer, y a los pocos días el marido, más de pena que de enfermedad, pues era un matrimonio profundamente enamorado.
El hijo de los porteros se dirigió a D. Pedro y le pidió que redactara un epitafio para honrar su memoria. Del corazón de Muñoz Seca surgieron estos versos:
Fue tan grande su bondad,
tal su generosidad
y la virtud de los dos
que están, con seguridad,
en el cielo junto a Dios
Corría el año mil novecientos veintitantos... y en aquella época era preceptivo que la Curia diocesana aprobara el texto de los epitafios que habían de adornar los enterramientos, así que D. Pedro recibió una carta del Obispado de Madrid para que modificara el verso, puesto que nadie, ni siquiera el Obispo, podían afirmar, de un modo tan categórico, que unos fieles hubieran ascendido al cielo sin mas.
D. Pedro rehizo el verso y lo remitió a la Curia del modo siguiente:
Fueron muy juntos los dos
el uno del otro en pos
donde va siempre el que muere
pero no están junto a Dios
porque el Obispo no quiere.
Nueva carta de la Curia. Tras recriminar al autor lo que cree, con toda razón, que es un choteo de Muñoz Seca, le exige una rectificación, ya que no es el Obispo el que no quiere, sino que es nuestro libre albedrío el que nos lleva al cielo o no.
Así que D. Pedro remata la faena escribiendo un verso que jamas colocó en enterramiento alguno porque la Curia jamas le contestó:
Vagando sus almas van
por el éter, débilmente,
sin saber que es lo que harán
ni Dios sabe donde están.
porque, desgraciadamente,
Necesitamos Quijotes
No hace mucho tiempo, practicando el zapping en mi televisor, descubrí que la segunda cadena había programado Irma la Dulce, una comedia romántica estrenada en 1963 y protagonizada por Jack Lemmon y Shirley Maclaine. Me gustó la idea de volver a verla, y he de decir que pasé un buen rato. Néstor, el joven gendarme recién llegado al distrito parisino de las Halles, descubre que en las aceras de una de las calles un buen número de prostitutas está a la espera de sus potenciales clientes. Llevado por el celo de su recién estrenada profesión, entra en el bar en el que se reúnen las mujeres y sus chulos. El dueño le ofrece una copa, que el policía rechaza porque está de servicio, y aquel intenta hacerle ver lo inútil que le resultará comenzar una batalla que según él está perdida de antemano.
En el transcurso de su conversación, Moustache suelta esta perla: "Ser honesto en un mundo deshonesto es como desplumar una gallina contra el viento. Se te llenará la boca de plumas." ¡Vaya con la frasecita! Resulta bien triste comprobar que mucha gente está convencida de que no es posible hacer nada para transformar este mundo nuestro en el que los corruptos campan a sus anchas, que se dé por hecho que los honestos acabarán corrompidos o que sus esfuerzos serán del todo inútiles. No quiero perder la esperanza. Necesitamos personas con ideales. Gente que no se deje comprar. Gente que no se deje ganar por el desaliento. Gente capaz de prestar un servicio a la comunidad desde la honradez, incluso desde la gratuidad. ¡El día que nuestro mundo se quede sin Quijotes estaremos perdidos!
¡Qué aguda la gallega!
El ser humano no dejará jamás de sorprendernos. A lo largo de los tiempos ha sido capaz de llevar a buen término los proyectos más impresionantes: coronar las cumbres más elevadas, atravesar desiertos calcinados o viajar por las inmensas llanuras nevadas hasta llegar a los ejes alrededor de los cuales gira nuestro planeta, descender a las profundidades del mar, viajar al otro lado de la tierra en modernas aeronaves, salir al espacio exterior, descubrir medicamentos capaces de salvar la vida a millones de personas… Pintores, escultores, músicos, escritores… han conseguido emocionarnos con la belleza de sus creaciones. Cientos de personas han inscrito sus nombres en el Libro Guiness de los Records por sus hazañas o por sus ocurrencias, en algunos casos inimaginables.
Puede que en este apartado, en el de las ocurrencias o excentricidades, habría que enmarcar la noticia publicada recientemente en algunos medios de comunicación.
Ángeles Durán, una gallega que vive en Salvaterra de Miño acudió al notario para que expidiera una escritura a su favor como propietaria del Sol. ¡Sí, sí! ¡ Así como lo oyen! Alega esta mujer que actualmente hay ya un americano que escrituró la luna y la mayor parte de los planetas. De modo que se le ocurrió que bien podía ella hacer las gestiones pertinentes para convertirse en la única dueña y señora del astro rey.
Al notario le dio la risa, según refiere el periodista. Y no es para menos.
Ahora sólo falta que aparezca otro avispado que escriture la lluvia; y otro el viento. ¡Y hale! A sacar tajada. Porque la mujer no es tonta, no. Quiere cobrar un canon por la energía solar. Ella asegura que ya se ha reunido con alguien del Ministerio de Industria, que debió de poner cara de tonto a causa del asombro. Y que lleva intención de ceder el 50% por ciento de los ingresos a los Presupuestos Generales del Estado, el 20% para las pensiones mínimas, un 10% para investigación y sanidad y otro 10% para erradicar el hambre. Quedaría otro 10% que se quedaría para disfrute personal. ¡Pues qué bien!
Lo que no sé si se le habrá ocurrido a la flamante propietaria es que podría salirle el tiro por la culata. Imaginemos por un momento lo que podría suceder si empezaran a brotar, como las setas en otoño, personas que se sienten perjudicadas por los excesos producidos por nuestra más próxima e imprescindible estrella y llevaran a Ángeles Durán a los tribunales. Los agricultores que pierden las cosechas por el exceso de calor, o los bañistas que se sienten perjudicados cuando el Sol no luce como sería su obligación durante sus días de vacaciones, o por el contrario, las incontables reclamaciones de todos aquellos a los que se les hubiera diagnosticado cáncer de piel como resultado de la fuerza de los rayos solares. Hasta pudiera ser que Ícaro -el hijo de Dédalo, el arquitecto griego constructor del laberinto de Creta que había logrado construir unas alas de cera para escapar del encierro en el que se encontraban, ese Ícaro, digo, que embriagado por la emoción del vuelo subió y subió, cada vez más alto, hasta que se le derritieron las alas y cayó en el mar- presentara una denuncia por daños y perjuicios desde el más allá.
¡Que tenga cuidado! ¡Ja, ja, ja!
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Retazos*** Mi primer dia de escuela
Subo las escaleras despacio, sin hacer ruido, para que nadie me descubra. Meto la cabeza por el gatero con mucho cuidado y miro lo que hay dentro. Veo al Chivín y también a mi hermano. Oigo la voz del maestro y saco la cabeza muy deprisa. La vuelvo a meter. Nadie me ha visto. Me aburro de estar así. Ahora meto la mano y llamo a mi hermano, primero en voz baja, luego más fuerte. El Daniel me mira, se enfada y hace gestos para que me vaya. Saco la cabeza de nuevo. ¡Es tan aburrido estar sola…! Con mis hermanos me lo paso bien. Cuando hacen los deberes y estudian, yo cojo mi cartilla y digo las mismas palabras que ellos, aunque si son difíciles no sé decirlas bien. Algunas veces, sin que se den cuenta, escribo con el pizarrín en sus pizarras. Entonces ellos me gritan, y hasta me dan una torta. Pero casi siempre me perdonan. ¿Cuándo vendrá madre? Se ha ido de viaje y me he quedado con la tía Saturnina. Como me aburría me he venido a la puerta de la escuela. ¿Qué estarán haciendo? Voy a ver. Me asomo de nuevo. Mi hermano ha vuelto la cabeza y el Chivín también me mira y se ríe. De repente se abre la puerta y veo las piernas largas del maestro. ¿Cómo habrá sabido que yo estaba aquí? Tengo miedo. Me coge de la mano y entramos. Todos me miran y se ríen. A mí me da vergüenza. Ahora estoy sentada en un pupitre. Como las piernas no me llegan al suelo me divierto moviéndolas sin parar. También hago dibujos en un papel y escribo mucho. Escribo todas las cosas que dice el maestro y lo que dicen los chicos. Miro a la María y al Daniel, y a una Virgen que está en un cuadro en la pared y tiene una culebra y unos cuernos blancos en los pies, y a un hombre que está en otro cuadro, que tiene bigote y lleva una chaqueta muy nueva y muy planchada. ¡Ay qué contenta estoy! ¡Ya estoy en la escuela! ¡Ya soy mayor!
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