Nací en la década de los cuarenta. Mis ojos vieron la luz en un pueblo perdido de Castilla del que hasta el
día de hoy siento nostalgia. ¡Cómo pasan los años! Parece que fue ayer.
Crecí con escasez de pan y hartura de miedos y silencios.
¡Sssssss! ¡Sssssss! Y entre silencios aprendí que, apenas antes de que yo naciera, en nuestra patria hubo una guerra. ¡La más terrible de las guerras! Una guerra entre hermanos.
¡Nunca más! ¡Nunca más! Así me lo enseñaron. Así lo he sentido siempre en mis entrañas.
Pero la vida no se detiene nunca. Y aunque pienso que ninguno de nosotros debería olvidar lo que pasó para que no puedan repetirse los errores... ¡Que no pretenda nadie mantenernos anclados para siempre en el pasado! ¡Dejemos a los muertos descansar en paz! ¡Que nadie intente comerciar con ellos!
Y, llegados hasta este punto, me temo que habrá ya alguien que me esté gritando: ¡Facha! Suelen hacerlo casi siempre los que se creen con todos los derechos porque militan en el partido que estuvo entonces en el bando perdedor.
No tengo que pedir perdón a nadie. No viví aquella guerra. No soy responsable de ninguna muerte. Tampoco lo fueron mis padres.
Por suerte, los años me enseñaron a pensar. A lo largo de este periodo de democracia he votado a las izquierdas y a las derechas, según me pareció mejor en cada ocasión.
No me gusta dejarme atrapar por demagogias baratas. Tengo muy claro que no existe el bando siempre bueno y el bando siempre malo. Ni que los que militan en un mismo partido, son todos buenos, ni todos malos ¡Lo único que quiero es que mis representantes sean honrados!
¡No deberíamos permitir que a los que nos mandan se les quede el culo pegado a la poltrona! Están donde están porque nosotros les entregamos un día nuestra confianza para que trabajasen por el bien de todos. ¡De todos! No en su propio beneficio, como pretenden "los más listos".
¡Ay, pena, penita, penaaa! ¡Cuánto chorizo!
Y para terminar, voy a abrir las puertas de mi corazón y os confesaré un secreto:
En los próximos comicios voy a votar a las derechas. Y voy a hacerlo porque, tras estos casi siete años de gobierno socialista, contemplo a España, con dolor, "hecha unos zorros".

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