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viernes, 3 de diciembre de 2010

Karima




Ha llegado a la clase una  alumna nueva. Es hija de una de las familias marroquíes que se han instalado en el pueblo y que se dedican a la venta ambulante. Se llama Karima y apenas entiende unas pocas palabras de español. Al cogerla de la mano a la maestra le ha parecido tocar un pedazo de hielo; así de fría la tenía de puro asustado el angelito. Un primo más mayor que vive aquí desde hace tiempo y puede hablar  con cierta facilidad, ha servido de intérprete.
-Me llamo Victoria -dice la maestra- ¿Cómo te llamas tú?
-Yo Karima.
-Verás, Karima, qué bien vas a estar en la escuela. Tendrás muchos amigos, jugarás con ellos en el recreo, pintarás, aprenderás a leer y escribir…
Ella lo mira todo con sus ojazos negros muy abiertos.
-¿Me pegarán?- pregunta.
-¡No! ¡Claro que no!.
El primo se marcha a su clase, y allí se quedan Karima, la maestra, y todos los demás niños que la miran con curiosidad. La seño va presentándoselos uno tras otro. Ella repite sus nombres. Después se sienta en un pupitre libre junto a otros cuatro alumnos. La maestra da a la niña un folio con un dibujo para colorear y sus compañeros se apresuran a acercarle las pinturas.
-Azul- dice la seño.
-Azul- repite
-Rojo.
-Rojo.
Al poco rato Karima se levanta, se acerca a la mesa de la maestra y le suelta una parrafadita. Ésta la mira y gesticula para decirle que no la entiende. Entonces ella la coge de la mano y la lleva hasta su mesa para que le solucione su problema. De cuando en cuando dice: ¡Casa! casa!(como ETE). Esa palabra, acompañada de un párrafo ininteligible en tono interrogativo, no resulta difícil de comprender. Y cuando los niños se colocan en la fila para salir al recreo, al ver la chocolatina de Ana, Karima dice: ¿chocolate?
Ana da un pedacito de su chocolate a Karima y así comienza una nueva amistad. Tiene pinta de ser despierta y seguramente no tardará mucho en aprender a hablar el nuevo idioma, aunque la adaptación será difícil. Por un lado está su entorno familiar, intentando conservar sus costumbres, y por otro, el contacto con esta nueva realidad, tan distinta, que influirá sobre ella sin remedio e irá convirtiéndola poco a poco en una persona a caballo entre dos culturas.

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